Hace dos semanas el diputado federal Jorge Estefan Chidiac puso el asunto sobre la mesa y al hacerlo reconoció que por lo menos era un tema debatible y necesario analizar, dada la gravedad del problema financiero que se avizora para nuestro país.
El tema que el priista sacó a colación es la aplicación del IVA de manera generalizada, incluyendo medicinas y alimentos.
Claro está, dado que son tiempos electorales poco propicios para tratar temas como el de los impuestos, pronto el legislador priista tuvo que hacer malabarismos, para aventar la papa caliente a otras fuerzas políticas.
Y qué mejor que endosárselas a sus adversarios del PAN, con quienes la contienda federal de julio será muy disputada.
El panismo local conocedor de lo complicado que es vender una propuesta como esta en elecciones, ha hecho mutis y simplemente no dice nada.
Como ninguno de los demás partidos, que ante un tema de verdad de fondo y urgente como estos, mejor no le entran.
En todo caso, queda claro que el PRI poblano no propone ni propondrá nunca –a decir de sus dirigentes y representantes legislativos- la aplicación del IVA generalizado.
Pero no queda claro lo que sí van a proponer.
Porque el problema del “hoyo fiscal” que pronto vivirá el país sigue ahí. Simplemente no hay recursos, ni de dónde sacarlos. Con elecciones o sin elecciones, el año entrante los recortes presupuestales en los tres niveles de gobierno serán implacables.
Tomando en cuenta la recesión económica que padecemos, la reducción de ingreso por exportaciones petroleras, reducción de remesas de EU y del comercio en general con el mercado estadunidense y demás, el problema se torna muy complejo.
Y afectarán principalmente y de manera inmediata a todos los gobiernos estatales y los municipales.
La pregunta queda así: ¿de dónde van a salir los recursos para cubrir el altísimo gasto corriente de los estados y municipios? Que incluyen salarios de trabajadores de la seguridad pública, de la salud, de la educación y de los servicios básicos (agua, recolección de basura, etcétera)
¿De qué fuente de dinero se echará mano para seguir con las muy necesarias obras de infraestructura y con nuestras pretensiones de desarrollo tecnológico y científico?
¿Cómo se va a pagar la deuda pública de estados y municipios?
Sólo hay de tres sopas:
Uno. Que se reduzca drásticamente el gasto público vía, reducción de salarios (tanto a altos directivos como también a personal operativo como maestros, burócratas, policías, etcétera) lo mismo que contrataciones de personal nuevo, suspensión de inversión en infraestructura (hospitales, carreteras, escuelas, vías de comunicación, electrificación, etcétera).
Dos: que se pidan recursos prestados al exterior (Banco Mundial, Banco Interamericano, Fondo Monetario Internacional, etcétera) con los problemas que en la economía mexicana han dejado los endeudamientos externos en sexenios anteriores.
Tres: buscar incrementar el ingreso a las arcas gubernamentales por vía del aumento en los impuestos (una de esas propuestas es precisamente la del IVA generalizado).
Tiene que ser cualquiera de estas tres o una combinación de todas.
Pero no hay más.
Si el PRI poblano descarta el tema de incrementar impuestos de tajo, entendemos que entonces se quedará con las dos primeras opciones. Es decir por descarte, va a proponer la reducción del gasto público y el endeudamiento externo.
Los otros partidos políticos no han dicho en este tema, esta boca es mía.
Y mientras los ciudadanos contemplamos dimes y diretes, dichos y desmentidos, insultos y respuestas de uno y otra bando, este que es un tema de altísima prioridad, simplemente no se toca.
¿Qué va a pasar con esta falta de recursos después de las elecciones de julio?, simplemente no sabemos y estamos en ascuas.
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martes, 23 de junio de 2009
sábado, 6 de junio de 2009
¿Y el hoyo fiscal?
Hace dos semanas el diputado federal Jorge Estefan Chidiac puso el asunto sobre la mesa y al hacerlo reconoció que por lo menos era un tema debatible y necesario analizar, dada la gravedad del problema financiero que se avizora para nuestro país.
El tema que el priista sacó a colación es la aplicación del IVA de manera generalizada, incluyendo medicinas y alimentos.
Claro está, dado que son tiempos electorales poco propicios para tratar temas como el de los impuestos, pronto el legislador priista tuvo que hacer malabarismos, para aventar la papa caliente a otras fuerzas políticas.
Y qué mejor que endosárselas a sus adversarios del PAN, con quienes la contienda federal de julio será muy disputada.
El panismo local conocedor de lo complicado que es vender una propuesta como esta en elecciones, ha hecho mutis y simplemente no dice nada.
Como ninguno de los demás partidos, que ante un tema de verdad de fondo y urgente como estos, mejor no le entran.
En todo caso, queda claro que el PRI poblano no propone ni propondrá nunca –a decir de sus dirigentes y representantes legislativos- la aplicación del IVA generalizado.
Pero no queda claro lo que sí van a proponer.
Porque el problema del “hoyo fiscal” que pronto vivirá el país sigue ahí. Simplemente no hay recursos, ni de dónde sacarlos. Con elecciones o sin elecciones, el año entrante los recortes presupuestales en los tres niveles de gobierno serán implacables.
Tomando en cuenta la recesión económica que padecemos, la reducción de ingreso por exportaciones petroleras, reducción de remesas de EU y del comercio en general con el mercado estadunidense y demás, el problema se torna muy complejo.
Y afectarán principalmente y de manera inmediata a todos los gobiernos estatales y los municipales.
La pregunta queda así: ¿de dónde van a salir los recursos para cubrir el altísimo gasto corriente de los estados y municipios? Que incluyen salarios de trabajadores de la seguridad pública, de la salud, de la educación y de los servicios básicos (agua, recolección de basura, etcétera)
¿De qué fuente de dinero se echará mano para seguir con las muy necesarias obras de infraestructura y con nuestras pretensiones de desarrollo tecnológico y científico?
¿Cómo se va a pagar la deuda pública de estados y municipios?
Sólo hay de tres sopas:
Uno. Que se reduzca drásticamente el gasto público vía, reducción de salarios (tanto a altos directivos como también a personal operativo como maestros, burócratas, policías, etcétera) lo mismo que contrataciones de personal nuevo, suspensión de inversión en infraestructura (hospitales, carreteras, escuelas, vías de comunicación, electrificación, etcétera).
Dos: que se pidan recursos prestados al exterior (Banco Mundial, Banco Interamericano, Fondo Monetario Internacional, etcétera) con los problemas que en la economía mexicana han dejado los endeudamientos externos en sexenios anteriores.
Tres: buscar incrementar el ingreso a las arcas gubernamentales por vía del aumento en los impuestos (una de esas propuestas es precisamente la del IVA generalizado).
Tiene que ser cualquiera de estas tres o una combinación de todas.
Pero no hay más.
Si el PRI poblano descarta el tema de incrementar impuestos de tajo, entendemos que entonces se quedará con las dos primeras opciones. Es decir por descarte, va a proponer la reducción del gasto público y el endeudamiento externo.
Los otros partidos políticos no han dicho en este tema, esta boca es mía.
Y mientras los ciudadanos contemplamos dimes y diretes, dichos y desmentidos, insultos y respuestas de uno y otra bando, este que es un tema de altísima prioridad, simplemente no se toca.
¿Qué va a pasar con esta falta de recursos después de las elecciones de julio?, simplemente no sabemos y estamos en ascuas.
El tema que el priista sacó a colación es la aplicación del IVA de manera generalizada, incluyendo medicinas y alimentos.
Claro está, dado que son tiempos electorales poco propicios para tratar temas como el de los impuestos, pronto el legislador priista tuvo que hacer malabarismos, para aventar la papa caliente a otras fuerzas políticas.
Y qué mejor que endosárselas a sus adversarios del PAN, con quienes la contienda federal de julio será muy disputada.
El panismo local conocedor de lo complicado que es vender una propuesta como esta en elecciones, ha hecho mutis y simplemente no dice nada.
Como ninguno de los demás partidos, que ante un tema de verdad de fondo y urgente como estos, mejor no le entran.
En todo caso, queda claro que el PRI poblano no propone ni propondrá nunca –a decir de sus dirigentes y representantes legislativos- la aplicación del IVA generalizado.
Pero no queda claro lo que sí van a proponer.
Porque el problema del “hoyo fiscal” que pronto vivirá el país sigue ahí. Simplemente no hay recursos, ni de dónde sacarlos. Con elecciones o sin elecciones, el año entrante los recortes presupuestales en los tres niveles de gobierno serán implacables.
Tomando en cuenta la recesión económica que padecemos, la reducción de ingreso por exportaciones petroleras, reducción de remesas de EU y del comercio en general con el mercado estadunidense y demás, el problema se torna muy complejo.
Y afectarán principalmente y de manera inmediata a todos los gobiernos estatales y los municipales.
La pregunta queda así: ¿de dónde van a salir los recursos para cubrir el altísimo gasto corriente de los estados y municipios? Que incluyen salarios de trabajadores de la seguridad pública, de la salud, de la educación y de los servicios básicos (agua, recolección de basura, etcétera)
¿De qué fuente de dinero se echará mano para seguir con las muy necesarias obras de infraestructura y con nuestras pretensiones de desarrollo tecnológico y científico?
¿Cómo se va a pagar la deuda pública de estados y municipios?
Sólo hay de tres sopas:
Uno. Que se reduzca drásticamente el gasto público vía, reducción de salarios (tanto a altos directivos como también a personal operativo como maestros, burócratas, policías, etcétera) lo mismo que contrataciones de personal nuevo, suspensión de inversión en infraestructura (hospitales, carreteras, escuelas, vías de comunicación, electrificación, etcétera).
Dos: que se pidan recursos prestados al exterior (Banco Mundial, Banco Interamericano, Fondo Monetario Internacional, etcétera) con los problemas que en la economía mexicana han dejado los endeudamientos externos en sexenios anteriores.
Tres: buscar incrementar el ingreso a las arcas gubernamentales por vía del aumento en los impuestos (una de esas propuestas es precisamente la del IVA generalizado).
Tiene que ser cualquiera de estas tres o una combinación de todas.
Pero no hay más.
Si el PRI poblano descarta el tema de incrementar impuestos de tajo, entendemos que entonces se quedará con las dos primeras opciones. Es decir por descarte, va a proponer la reducción del gasto público y el endeudamiento externo.
Los otros partidos políticos no han dicho en este tema, esta boca es mía.
Y mientras los ciudadanos contemplamos dimes y diretes, dichos y desmentidos, insultos y respuestas de uno y otra bando, este que es un tema de altísima prioridad, simplemente no se toca.
¿Qué va a pasar con esta falta de recursos después de las elecciones de julio?, simplemente no sabemos y estamos en ascuas.
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martes, 26 de mayo de 2009
Dilemas fiscales
Nuestro país arrastra un rezago centenario en materia de política fiscal. A los pocos que pagamos impuestos nos exprimen, mientras la inmensa mayoría de las personas económicamente activas que permanecen en la informalidad, evaden sus obligaciones ante el fisco.
Tenemos una miscelánea fiscal que es un verdadero galimatías que le cuesta a los ciudadanos cumplidos muchos recursos entenderlo y cumplirlo (pagar contadores, hacer trámites, etcétera).
La propuesta de gravar directamente el consumo, al generalizar a todos los productos el IVA (Impuesto al Valor Agregado), ha sido hecha desde hace mucho, pero por desgracia no ha encontrado apoyo en el sistema político mexicano que se niega siquiera a discutirlo por el costo político que conllevaría.
Basta una prueba: la semana pasada el expresidente Ernesto Zedillo (quien en su administración exploró con resultados adversos, la posibilidad de la aplicación del IVA generalizado) nos recordó este tema que más temprano que tarde, con una producción petrolera a la baja y la recesión económico que hoy vivimos, nos volverá a poner ante la posibilidad de estar con un Estado sin recursos, con todo lo muy malo que eso implica.
Bastó que el expresidente nos recordara esta triste realidad, para que sus mismos correligionarios (encabezados por Manlio Fabio Beltrones) se le lanzaran encima y le dijeras hasta de lo que se iba a morir.
Muchas voces de la izquierda no más oyen IVA generalizado y se lanzan como demonios a anatemizar y denostar a quien se atreva siquiera a mencionarlo.
Las razones de esto son simples y hasta obvias. Para quienes se oponen, si se aplica el IVA a los productos básicos, van a quedar fuera del alcance de mucha gente que apenas gana el salario mínimo o menos, por lo que esto resultaría lesivo para las clases más desprotegidas.
Para quienes ven favorable la aplicación del IVA generalizado, argumentan que sería una manera más justa de cobrar impuestos: pagaría más quien más consume, así llanamente.
(Un ejemplo: una familia rica y una familia pobre, hoy compran su leche sin IVA, digamos a 10 pesos el litro. Con IVA la leche costaría $11.50. La familia rica tiene chance de comprar 5 litros diarios, la pobre sólo dos. La familia adinerada gasta 50 pesos en leche y se ahorra 7.50 pesos diarios. La familia pobre gasta 20 pesos y se ahora 3 pesos diarios en impuestos. Esta exención de impuestos al final del mes ¿a quién ayuda más?)
Además la aplicación del IVA sería operativamente más sencillo, sin tanto papeleo y trámites a qué hoy se obligan las personas físicas y morales con la famosa y abigarrada miscelánea fiscal, con los costos en dinero y tiempo que ello implica.
Por si esto fuera poco, también reduciría de manera drástica la evasión fiscal, ya que todos tenemos algo que consumir siempre, así el ambulante o el vendedor de puerta en puerta, el que vende piratería, etcétera, todos tendrían que pagar su IVA al comprar cualquier artículo o mercancía.
Y sobre todo, la generalización del IVA le brindaría al Estado mexicano una cantidad muy importante de recursos extras que bien podrían invertirse en ayudar de manera directa a los sectores más pobres de la sociedad mexicana.
En este sentido va una muy interesante propuesta plateada en el libro “Buenas intenciones, malos resultados: Política social, informalidad y crecimiento económico en México”, de Santiago Levy, exdirector del IMSS y experto en la materia.
Para más datos consultar este otro artículo en la revista Nexos.
Más allá de ideología, filias y fobias políticas o partidistas, es necesario analizar y razonar soluciones a este problema (el equilibrio entre la normalización fiscal y la reducción de la desigualdad social) que es claro, más temprano que tarde pondrá a nuestro país en medio de otra crisis.
¿Periodismo sin adjetivos?
Las balbuceantes respuestas del expresidente Miguel de la Madrid, a una entrevista claramente inducida de la prestigiada periodista, Carmen Aristegui, se convirtieron en el escándalo de la semana pasada.
La entrevista fue hecha el 15 de abril del año en curso, pero se dio a conocer hasta el lunes 11 de mayo. Casi un mes después.
¿Por qué si como alega Aristegui, la entrevista en sí era un testimonio periodístico inestimable, se tardó tanto en darla a conocer? ¿Por qué no lo publicó el lunes 20 de abril por ejemplo?
Porque después de que se dio a conocer el libro de Ahumada –una semana antes de la entrevista a de De la Madrid- en donde otra vez, el enemigo identificado Carlos Salinas de Gortari, era puesto otra vez en la picota mediática, era mejor contexto para el escándalo. Razones de marketing, pues.
Es menester leer el artículo del académico de la Ibero, José Carreño Carlón en “El Universal” de esta semana, más allá de que haya sido funcionario de Salinas, hace una serie de reflexiones y referencias que deben ser materia de análisis.
Tenemos una miscelánea fiscal que es un verdadero galimatías que le cuesta a los ciudadanos cumplidos muchos recursos entenderlo y cumplirlo (pagar contadores, hacer trámites, etcétera).
La propuesta de gravar directamente el consumo, al generalizar a todos los productos el IVA (Impuesto al Valor Agregado), ha sido hecha desde hace mucho, pero por desgracia no ha encontrado apoyo en el sistema político mexicano que se niega siquiera a discutirlo por el costo político que conllevaría.
Basta una prueba: la semana pasada el expresidente Ernesto Zedillo (quien en su administración exploró con resultados adversos, la posibilidad de la aplicación del IVA generalizado) nos recordó este tema que más temprano que tarde, con una producción petrolera a la baja y la recesión económico que hoy vivimos, nos volverá a poner ante la posibilidad de estar con un Estado sin recursos, con todo lo muy malo que eso implica.
Bastó que el expresidente nos recordara esta triste realidad, para que sus mismos correligionarios (encabezados por Manlio Fabio Beltrones) se le lanzaran encima y le dijeras hasta de lo que se iba a morir.
Muchas voces de la izquierda no más oyen IVA generalizado y se lanzan como demonios a anatemizar y denostar a quien se atreva siquiera a mencionarlo.
Las razones de esto son simples y hasta obvias. Para quienes se oponen, si se aplica el IVA a los productos básicos, van a quedar fuera del alcance de mucha gente que apenas gana el salario mínimo o menos, por lo que esto resultaría lesivo para las clases más desprotegidas.
Para quienes ven favorable la aplicación del IVA generalizado, argumentan que sería una manera más justa de cobrar impuestos: pagaría más quien más consume, así llanamente.
(Un ejemplo: una familia rica y una familia pobre, hoy compran su leche sin IVA, digamos a 10 pesos el litro. Con IVA la leche costaría $11.50. La familia rica tiene chance de comprar 5 litros diarios, la pobre sólo dos. La familia adinerada gasta 50 pesos en leche y se ahorra 7.50 pesos diarios. La familia pobre gasta 20 pesos y se ahora 3 pesos diarios en impuestos. Esta exención de impuestos al final del mes ¿a quién ayuda más?)
Además la aplicación del IVA sería operativamente más sencillo, sin tanto papeleo y trámites a qué hoy se obligan las personas físicas y morales con la famosa y abigarrada miscelánea fiscal, con los costos en dinero y tiempo que ello implica.
Por si esto fuera poco, también reduciría de manera drástica la evasión fiscal, ya que todos tenemos algo que consumir siempre, así el ambulante o el vendedor de puerta en puerta, el que vende piratería, etcétera, todos tendrían que pagar su IVA al comprar cualquier artículo o mercancía.
Y sobre todo, la generalización del IVA le brindaría al Estado mexicano una cantidad muy importante de recursos extras que bien podrían invertirse en ayudar de manera directa a los sectores más pobres de la sociedad mexicana.
En este sentido va una muy interesante propuesta plateada en el libro “Buenas intenciones, malos resultados: Política social, informalidad y crecimiento económico en México”, de Santiago Levy, exdirector del IMSS y experto en la materia.
Para más datos consultar este otro artículo en la revista Nexos.
Más allá de ideología, filias y fobias políticas o partidistas, es necesario analizar y razonar soluciones a este problema (el equilibrio entre la normalización fiscal y la reducción de la desigualdad social) que es claro, más temprano que tarde pondrá a nuestro país en medio de otra crisis.
¿Periodismo sin adjetivos?
Las balbuceantes respuestas del expresidente Miguel de la Madrid, a una entrevista claramente inducida de la prestigiada periodista, Carmen Aristegui, se convirtieron en el escándalo de la semana pasada.
La entrevista fue hecha el 15 de abril del año en curso, pero se dio a conocer hasta el lunes 11 de mayo. Casi un mes después.
¿Por qué si como alega Aristegui, la entrevista en sí era un testimonio periodístico inestimable, se tardó tanto en darla a conocer? ¿Por qué no lo publicó el lunes 20 de abril por ejemplo?
Porque después de que se dio a conocer el libro de Ahumada –una semana antes de la entrevista a de De la Madrid- en donde otra vez, el enemigo identificado Carlos Salinas de Gortari, era puesto otra vez en la picota mediática, era mejor contexto para el escándalo. Razones de marketing, pues.
Es menester leer el artículo del académico de la Ibero, José Carreño Carlón en “El Universal” de esta semana, más allá de que haya sido funcionario de Salinas, hace una serie de reflexiones y referencias que deben ser materia de análisis.
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