Un primo que tengo en Costa Rica –hijo de mexicana y tico- me pregunta a través del email, cómo se vive la violencia en México, le intriga conocer cómo es que evitamos los mexicanos las balaceras, qué hacemos cuando nos topamos con algún descabezado tirado en la calle y cómo evitamos los secuestros y asaltos.
La idea que desde ahí se tiene de nuestro país, es el de una sociedad hundida por la violencia y la inseguridad, que sobrevivimos apenas entre crisis económica, la corrupción gubernamental de todo nivel, la impunidad y la violencia criminal.
Así la idea de que nuestro país vive en una creciente descomposición social y un deterioro permanente de la vida de los ciudadanos, también la tienen muchos de los países vecinos o cercanos.
Y no es para menos. Basta ver cualquier noticiero o leer cualquier diario en nuestro país, para darnos cuenta de la violencia que se vive día a día en muchas zonas del país, de la zozobra en la que –aparentemente- viven ciudades como Culiacán, Mazatlán, Reynosa, Apatzingán, Ciudad Juárez o Tijuana.
Todos los días nos recetan en los medios cifras espeluznantes de muertes, violencia, drogadicción, que nos tiene con la idea clara entre los mexicanos que en nuestro país se vive la peor violencia que puede haber a nivel mundial.
Sin embargo cuando trata uno de buscar estadísticas confiables, bien basadas y análisis comparativos para entender la dimensión de la creciente violencia en el país, nos encontramos con que no hay.
Pero este mes en la revista Nexos, el investigador y profesor del Colegio de México (y ex comentarista del programa “Entre tres” de los lunes en TV Azteca), Fernando Escalante Gonzalbo, presenta un muy interesante y revelador artículo titulado “Homicidios 1990-2007” en el que nos demuestra con datos duros y análisis comparativos, hasta qué punto en los medios de comunicación e informativos, en materia de seguridad pública y del crimen en nuestro país, vivimos sin datos, sufrimos sin cifras claras y nos sumergimos en una profunda preocupación por estos temas, sin tener indicadores que nos digan en dónde estamos y hasta dónde hemos avanzado, o no.
En ese provocador análisis nos presenta las cifras frías sobre el delito del homicidio en México en ese periodo y nos muestra contra toda percepción actual y en contra de lo que a diarios nos recetan en todos los medios de comunicación, que las cifras nos dicen que los homicidios se han reducido.
Y que las comparaciones que nos hacemos con países como Colombia en los años ochenta son desafortunadas, porque con toda la violencia que actualmente vivimos, no hemos alcanzado ni por mucho los índices de nuestro hermano país sudamericano.
La pasarela mediática nacional, tan poco afecta a los datos y a los indicadores cuando estos no reflejan algo que sea “noticia” (léase: que sea escandaloso) no le han dedicado espacio a reflexionar sobre lo que este artículo da a conocer (con la excepción de Héctor Aguilar Camín en su columna de Milenio).
Este artículo habla a profundidad de sólo unos de los delitos más graves, sino el que más, como es el homicidio. En materia de asaltos, secuestros, robos de autos no profundiza, aunque esboza que al parecer no es muy diferente la situación a la que se vive en cuestión de homicidios.
Y es que no se trata tampoco de pensar que la violencia en México es sólo cuestión de percepción y que los medios son los culpables de esta. Eso sería tomar un camino fácil.
Se trata de entender de que es necesario conocer los datos, compararlos, analizar cifras, hacer comparativos, conocer indicadores, no sólo para tenerlos ahí para los medios, sino también para que como sociedad nos enteremos en dónde estamos y en qué rubro hemos avanzado y en cuáles no.
También sería bueno que los medios y quienes trabajamos en ellos, echemos un vistazo a este revelador texto de Escalante Gonzalbo, nunca está de más en el afán de mejor informar, hacer un alto en el camino de la vorágine de la información diaria, para reflexionar sobre datos desde una perspectiva histórica.
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lunes, 14 de septiembre de 2009
domingo, 9 de agosto de 2009
La libertad de prensa, los excesos
El problema que hoy enfrenta el periodismo y el ejercicio de la libertad de prensa es muy distinto a lo que sucedía en México hace dos décadas.
Antes el principal obstáculo para el ejercicio periodístico era la censura que el estado autoritario mexicano y monopartidista ejercía en todos los medios de comunicación a todo lo largo y ancho del país. Esta censura podía ejercerse de manera violenta o intimidatoria, o por medios más “cautos” vía el pago de publicidad o el intercambio de favores con los dueños de los medios.
(Aún así existieron medios informativos como la revista “Por esto”, o diarios como “Excelsior” -que vivió etapas de cierta libertad-, o más recientemente la revista “Proceso” que desde que nació en los años setenta se convirtió en una voz sistemáticamente disidente del gobierno en turno.)
Hoy los principales problemas que enfrentan los periodistas mexicanos son la represión y censura que ejerce la violencia organizada en cada vez más zonas del territorio mexicano y el abuso en el ejercicio de la libertad de prensa.
Y es que aunque hay algunos gobiernos estatales que ejercen presión y censura sobre algunos medios regionales, en general la diversificación y el nacimiento de las nuevas tecnologías, ha hecho imposible que ningún gobierno en nuestro país pueda “controlar” a todos los medios de comunicación.
Hoy, creo yo, en México y en Puebla se ejerce la plena libertad de prensa, todos los medios publican lo que a su parecer les parece informativo, lo destacan o lo jerarquizan según sus propios criterios.
Quien quiere publicar algo que signifique una crítica al gobierno federal, al estatal o municipal lo puede hacer. Quien no lo hace es porque no quiere o porque no le conviene hacerlo.
Hay medios que viven de halagar al gobierno en turno. Pero también los hay que viven de criticarlo sistemáticamente.
Si alguien apela a la “autocensura” como una nueva manera de ejercer la censura de parte de los gobiernos, yo explicaría que lo que hay son líneas editoriales y propuestas informativas que consideran qué decir y qué no decir.
La “autocensura” es un mito que esconde conveniencias y acuerdos previos entre medios e instancias de gobierno.
El otro problema es el abuso de la libertad de prensa o el esconderse en ella para dar rienda suelta a fobias personales o buscar medrar o lucrar con los contenidos informativos.
En esta simulación informativa se busca indagar intimidades, violar las vidas privadas, calumniar, inventar historias buscando dañar escandalizando y entre más escándalo se provoque “mejor” periodista se quiere ser.
Este periodismo se esconde en una presunta pretensión literaria, se desliga –y hasta se burla- de cualquier contención ética, niega la existencia de responsabilidad social al informar y en su ejercicio “creativo” no se detiene ante nada ni nadie, que no sea su propia “vocación” de tirar la neta.
Esta idea “periodística” daña al gremio ya que predispone a mucha gente a no confiar en los medios periodísticos, a que no los vea como entes confiables y aliadas en la contención de los excesos gubernamentales, sino más bien como “tira-tintas” al servicio de tal o cual causa.
Convierte a los informadores no en medios, sino en actores de la noticia, por lo tanto los pone en el centro de los conflictos de la sociedad.
Y una sociedad donde la violencia -por desgracia- está cada vez más a la orden del día, hace que el gremio periodístico sea su víctima cada vez más constante.
Es momento de diferenciar el periodismo serio de la “ficción periodística” y entender que hay que ser más responsable y autocrítico al informar.
Y apostar a que en medio de este excesivo uso de la libertad de prensa, sean los amables lectores quienes distingan el denuesto de la información.
Antes el principal obstáculo para el ejercicio periodístico era la censura que el estado autoritario mexicano y monopartidista ejercía en todos los medios de comunicación a todo lo largo y ancho del país. Esta censura podía ejercerse de manera violenta o intimidatoria, o por medios más “cautos” vía el pago de publicidad o el intercambio de favores con los dueños de los medios.
(Aún así existieron medios informativos como la revista “Por esto”, o diarios como “Excelsior” -que vivió etapas de cierta libertad-, o más recientemente la revista “Proceso” que desde que nació en los años setenta se convirtió en una voz sistemáticamente disidente del gobierno en turno.)
Hoy los principales problemas que enfrentan los periodistas mexicanos son la represión y censura que ejerce la violencia organizada en cada vez más zonas del territorio mexicano y el abuso en el ejercicio de la libertad de prensa.
Y es que aunque hay algunos gobiernos estatales que ejercen presión y censura sobre algunos medios regionales, en general la diversificación y el nacimiento de las nuevas tecnologías, ha hecho imposible que ningún gobierno en nuestro país pueda “controlar” a todos los medios de comunicación.
Hoy, creo yo, en México y en Puebla se ejerce la plena libertad de prensa, todos los medios publican lo que a su parecer les parece informativo, lo destacan o lo jerarquizan según sus propios criterios.
Quien quiere publicar algo que signifique una crítica al gobierno federal, al estatal o municipal lo puede hacer. Quien no lo hace es porque no quiere o porque no le conviene hacerlo.
Hay medios que viven de halagar al gobierno en turno. Pero también los hay que viven de criticarlo sistemáticamente.
Si alguien apela a la “autocensura” como una nueva manera de ejercer la censura de parte de los gobiernos, yo explicaría que lo que hay son líneas editoriales y propuestas informativas que consideran qué decir y qué no decir.
La “autocensura” es un mito que esconde conveniencias y acuerdos previos entre medios e instancias de gobierno.
El otro problema es el abuso de la libertad de prensa o el esconderse en ella para dar rienda suelta a fobias personales o buscar medrar o lucrar con los contenidos informativos.
En esta simulación informativa se busca indagar intimidades, violar las vidas privadas, calumniar, inventar historias buscando dañar escandalizando y entre más escándalo se provoque “mejor” periodista se quiere ser.
Este periodismo se esconde en una presunta pretensión literaria, se desliga –y hasta se burla- de cualquier contención ética, niega la existencia de responsabilidad social al informar y en su ejercicio “creativo” no se detiene ante nada ni nadie, que no sea su propia “vocación” de tirar la neta.
Esta idea “periodística” daña al gremio ya que predispone a mucha gente a no confiar en los medios periodísticos, a que no los vea como entes confiables y aliadas en la contención de los excesos gubernamentales, sino más bien como “tira-tintas” al servicio de tal o cual causa.
Convierte a los informadores no en medios, sino en actores de la noticia, por lo tanto los pone en el centro de los conflictos de la sociedad.
Y una sociedad donde la violencia -por desgracia- está cada vez más a la orden del día, hace que el gremio periodístico sea su víctima cada vez más constante.
Es momento de diferenciar el periodismo serio de la “ficción periodística” y entender que hay que ser más responsable y autocrítico al informar.
Y apostar a que en medio de este excesivo uso de la libertad de prensa, sean los amables lectores quienes distingan el denuesto de la información.
domingo, 5 de julio de 2009
Futbol: México y EU
En los últimos meses la “comentocracia” deportiva mexicana se había deshecho en elogios a la selección española, sobre todo luego de su brillante triunfo en la Eurocopa 2008, donde venció en la final nada más pero nada menos que a Alemania por 1-0.
Comentaristas de uno y otro lado se quebraban la cabeza por encontrar los halagos justos a la selección española: “los mejores del mundo”, el mejor futbol de la historia”, “nadie los supera”, etcétera.
Ya varios les ceñían el trono del Torneo Confederaciones que ahora se lleva a cabo en Sudáfrica e incluso le adjudicaban de antemano el Campeonato del Mundo del año entrante a realizarse en ese mismo país africano.
Claro está que la racha de 15 juegos sin perder igualando un récord de la selección brasileña que logró España, fue apoyando esta racha de halagos sin fin.
Sin embargo –cosas del futbol y que por los cuales creo yo, es el deporte más maravilloso y popular del mundo- la selección española se enfrentó en esta semana a la selección de Estados Unidos, equipo de la Concacaf -región muy ninguneada por la “comentocracia” deportiva y a la que pertenece la selección de México- y en un partido muy bien planteado, la selección española fue derrotada por EU de manera clara y contundente, por 2-0 en las semifinales del Torneo Confederaciones en Sudáfrica.
La “comentocracia” deportiva se silenció. Se quedó pasmada. La noticia en los informativos deportivos nocturno de las cadenas nacionales de televisión, simplemente reportaron el hecho de manera escueta, unos cuantos calificativos positivos hacia el futbol de EU, expresiones de sorpresa y punto.
Esa vena crítica y hasta corrosiva que con tanto esmero dedican a la autoflagelación cuando México pierde contra algún equipo de su zona, desapareció al analizar este bueno y claro triunfo de Estados Unidos sobre la poderosa España.
¿Porqué esa actitud de parte de la prensa deportiva mexicana?
Si bien tenemos lazos históricos, económicos, culturales y hasta de sangre con España, también tenemos una provechosa vecindad con Estados Unidos a la que nos unen también lazos históricos, económicos, culturales y hasta de sangre (¿quién no tiene algún familiar viviendo en EU).
Y bien visto, la victoria de EU sobre España debería alegrarnos por el futbol de nuestra zona. Que un equipo de la menospreciada zona de Concacaf haya sido capaz no sólo de jugar de tú a tú con uno de los mejores equipos del mundo –sino que ¡el mejor!-, sino que haya sido lo suficientemente bueno como para ganarle con todos y sus estrellas, es algo que habla bien de nuestro futbol.
Qué bueno que España tenga una selección que marche a buen paso hacia el Mundial 2010.
Pero también qué mejor para México que EU, equipo con el que jugamos en nuestra zona, con el que tenemos vínculos futbolísticos, con quienes compartimos y competimos (y contra quienes vamos a jugar en agosto para buscar un lugar al Mundial de Sudáfrica), destaque de esa manera en torneos internacionales.
Si la selección de EU mejora, nos vemos obligados y motivados a mejorar.
Si España mejora en su futbol, sólo nos podemos alegrar y vitorearlos, pero difícilmente eso nos ayudará directamente a mejorar nuestro balompié.
Lucrar con la desgracia
La tragedia de la guardería Hermosillo, Sonora, ha desnudado de manera vergonzosa las miserias de nuestro país.
El enfrentamiento entre el gobierno de ese estado con el federal, por eludir su responsabilidad y echarse la pelotita uno al otro, es uno de los capítulos más tristes y míseros de la vida política y social mexicana, de los últimos años.
Pero también lo es, la manera en que algunos medios de comunicación han aprovechado para en nombre de la búsqueda de la indagación informativa, escudriñar en el sufrimiento de las familias de los niños muertos en esta tragedia.
La transmisión hasta la saciedad, de los lamentos, las quejas y los detalles del sufrimiento, creo yo, rebasa la necesidad informativa para entrar de lleno en la explotación del morbo para buscar la audiencia y los lectores.
Comentaristas de uno y otro lado se quebraban la cabeza por encontrar los halagos justos a la selección española: “los mejores del mundo”, el mejor futbol de la historia”, “nadie los supera”, etcétera.
Ya varios les ceñían el trono del Torneo Confederaciones que ahora se lleva a cabo en Sudáfrica e incluso le adjudicaban de antemano el Campeonato del Mundo del año entrante a realizarse en ese mismo país africano.
Claro está que la racha de 15 juegos sin perder igualando un récord de la selección brasileña que logró España, fue apoyando esta racha de halagos sin fin.
Sin embargo –cosas del futbol y que por los cuales creo yo, es el deporte más maravilloso y popular del mundo- la selección española se enfrentó en esta semana a la selección de Estados Unidos, equipo de la Concacaf -región muy ninguneada por la “comentocracia” deportiva y a la que pertenece la selección de México- y en un partido muy bien planteado, la selección española fue derrotada por EU de manera clara y contundente, por 2-0 en las semifinales del Torneo Confederaciones en Sudáfrica.
La “comentocracia” deportiva se silenció. Se quedó pasmada. La noticia en los informativos deportivos nocturno de las cadenas nacionales de televisión, simplemente reportaron el hecho de manera escueta, unos cuantos calificativos positivos hacia el futbol de EU, expresiones de sorpresa y punto.
Esa vena crítica y hasta corrosiva que con tanto esmero dedican a la autoflagelación cuando México pierde contra algún equipo de su zona, desapareció al analizar este bueno y claro triunfo de Estados Unidos sobre la poderosa España.
¿Porqué esa actitud de parte de la prensa deportiva mexicana?
Si bien tenemos lazos históricos, económicos, culturales y hasta de sangre con España, también tenemos una provechosa vecindad con Estados Unidos a la que nos unen también lazos históricos, económicos, culturales y hasta de sangre (¿quién no tiene algún familiar viviendo en EU).
Y bien visto, la victoria de EU sobre España debería alegrarnos por el futbol de nuestra zona. Que un equipo de la menospreciada zona de Concacaf haya sido capaz no sólo de jugar de tú a tú con uno de los mejores equipos del mundo –sino que ¡el mejor!-, sino que haya sido lo suficientemente bueno como para ganarle con todos y sus estrellas, es algo que habla bien de nuestro futbol.
Qué bueno que España tenga una selección que marche a buen paso hacia el Mundial 2010.
Pero también qué mejor para México que EU, equipo con el que jugamos en nuestra zona, con el que tenemos vínculos futbolísticos, con quienes compartimos y competimos (y contra quienes vamos a jugar en agosto para buscar un lugar al Mundial de Sudáfrica), destaque de esa manera en torneos internacionales.
Si la selección de EU mejora, nos vemos obligados y motivados a mejorar.
Si España mejora en su futbol, sólo nos podemos alegrar y vitorearlos, pero difícilmente eso nos ayudará directamente a mejorar nuestro balompié.
Lucrar con la desgracia
La tragedia de la guardería Hermosillo, Sonora, ha desnudado de manera vergonzosa las miserias de nuestro país.
El enfrentamiento entre el gobierno de ese estado con el federal, por eludir su responsabilidad y echarse la pelotita uno al otro, es uno de los capítulos más tristes y míseros de la vida política y social mexicana, de los últimos años.
Pero también lo es, la manera en que algunos medios de comunicación han aprovechado para en nombre de la búsqueda de la indagación informativa, escudriñar en el sufrimiento de las familias de los niños muertos en esta tragedia.
La transmisión hasta la saciedad, de los lamentos, las quejas y los detalles del sufrimiento, creo yo, rebasa la necesidad informativa para entrar de lleno en la explotación del morbo para buscar la audiencia y los lectores.
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