José Luis Benítez Armas
“El PRI regresa”, “El PRI revive”. Es muy común en estos tiempos preelectorales escuchar estas aseveraciones de parte de periodistas, politólogos, analistas y columnistas. Pero para que algo regrese o reviva, primero debe de irse o morirse. Y el PRI ni lo uno ni lo otro.
De hecho en estados de la república como Puebla, no se han conocido gobiernos estatales que no sean del Partido Revolucionario Institucional y no han perdido el control del Congreso Local en los últimos ochenta años.
Por otra parte, qué bueno que el PRI siga vigente. Podremos reprocharle mucho, como sistema de gobierno fue el causante de muchos de los grandes rezagos políticos del país. El atraso educativo, la fragilidad del Estado de Derecho, la corrupción endémica, el paternalismo en la política social, la falta de cultura democrática, el charrismo sindical, etcétera.
Pero también -justo es reconocer-, ha sido el gestor de una época de estabilidad política de crecimiento económico que ayudó al país a salir del violento siglo XIX y de la sangrienta Revolución Mexicana. La “Paz Porfiriana”, tuvo una continuidad menos traumática en la “Paz Priista” de casi 70 años, que permitió crecimiento económico, progreso y cierta justicia social, movilidad en los estratos sociales (vía educación superior), consolidación de instituciones fundamentales, una diplomacia que nos permitió ejercer nuestra soberanía en épocas convulsas a nivel mundial, entre otras cosas.
El Estado Mexicano con el régimen priista tuvo una definición exacta en el pensamiento del gran poeta Octavio Paz: “el ogro filantrópico”. Esta definición reúne con claridad esa dualidad en la que el régimen mexicano de casi todo el siglo XX, vivió y sobrevivió. (“La Dictadura Perfecta”, la llamó el no menos célebre y extraordinario escritor peruano, Mario Vargas Llosa).
Esa dualidad que lo mismo lo ha hecho tener una etapa nacionalista “de izquierda”, que una etapa “neoliberal” de “derecha”.
A sus 80 años de edad, el PRI se encuentra a nivel encuestas y bajo las nuevas reglas democráticas, a la cabeza de las preferencias del electorado mexicano.
En el hoy coinciden lo mismo Manuel Bartlett que Enrique Peña Nieto, o Beatriz Paredes al lado de Enrique Jackson. Sin embargo se muestra como una fuerza política consolidada, unida y con muchos personajes populares y bien posicionados.
Ni siquiera ha tenido que echar mano de reelevo generacional. De no ser Peña Nieto que puede ser considerado un rostro joven (bueno, apadrinado por un gran “dino” y priista de cepa antigua, Arturo Montiel), los veteranos Manlio Fabio Beltrones, Beatriz Paredes, Emilio Gamboa, Murillo Karam, son los personajes actuales del tricolor.
Al igual que sus personajes principales, su discurso parece ser el mismo. O por lo menos no se ve que tengan uno nuevo. Su repentina y extraña conversión a la socialdemocracia, en su último congreso nacional, no ha convencido a muchos.
Así las cosas parece ser que el PRI se ha abocado a recuperar los espacios políticos (en Puebla, el líder municipal priista, habla hasta del “carro completo”, viejo sueño autoritario del priismo de antaño), pensando en culminar su “regreso” con gloria con la recuperación de la presidencia de la república en el 2012.
La pregunta que aún no responden de manera concreta es ¿qué proyecto de país proponen?
Hay la vieja retórica, las viejas fórmulas del “Nacionalismo Revolucionario”, el discurso populista, la enjundia y las palabras domingueras (del estilo de “estar al lado de los que menos tienen”, etcétera).
Pero propuestas concretas y claras en materias como política fiscal, reforma laboral, desarrollo educativo, simplemente no se ven.
Un amplio sector del tricolor coincide plenamente con las propuestas panistas (los “neoliberales”); otros más están del lado de las visiones perredistas (los nacionalistas revolucionarios).
Pero ideas propias, parece que no tiene.
Ahora la pregunta es: ¿cuál de los dos priismos es el que llegará fortalecido al 2012? ¿El priismo “neoliberal” o el de “izquierda”?
Ya se verá.
luisbenitez22@hotmail.com.mx
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lunes, 23 de marzo de 2009
PRI: 80 años
José Luis Benítez Armas
El Partido Revolucionario Institucional cumple 80 años este 4 de marzo.
Surgido de los conflictos post revolucionarios, fundado bajo la égida de Plutarco Elías Calles y en pleno maximato, fue la herramienta fundamental para la pacificación del país después de la tempestad revolucionaria iniciada en 1910.
Fundado en un congreso efectuado entre el 3 y el 4 de marzo de 1929, de ese partido hoy se podrán decir muchas cosas, pero en mucho este aparato político y autoritario funcionó durante muchos años en su búsqueda de la paz, la estabilidad y el desarrollo económico para México.
Es justo reconocer también que en su andar y desde el mismo arranque de su vida se convirtió en un poder autoritario, antidemocrático y por momentos, violento. No tuvo ningún reparo en usar la violencia selectiva o contra grupos o sectores de la sociedad, cuando en su opinión se ponía en peligro la “unidad nacional”.
Pero su poder lo basó más en la negociación y la cooptación. Con los empresarios, con los sindicatos, con los campesinos, etcétera.
El Nacionalismo Revolucionario fue su insignia ideológica durante décadas.
Hasta los años sesenta mantuvo más o menos en paz y en progreso económico a la nación. Fue a finales de los años 60 que el sistema priista empezó a mostrar sus debilidades.
De ahí arrancó una larga transición que los llevó a que en 1997, por primera vez perdieran la mayoría absoluta en el Poder Legislativo y a que en el año 2000, perdieran la presidencia de la república.
Posteriormente en el 2006 volvió a perder ante el Partido Acción Nacional y no sólo eso, fue relegado al tercer sitio electoral por la izquierda, encabezada por Andrés Manuel López Obrador.
En el 2009, se ha repuesto de manera sorprendente y a pesar que desde los años ochenta se ha venido anunciando su inminente fin como instituto político, hoy surge de sus cenizas y está colocado según las recientes encuestas, a la cabeza de las preferencias electorales en el país. Además es el partido mexicano que más cohesión y unidad muestra ante las elecciones federales del próximo mes de julio.
Ha transitado del Nacionalismo Revolucionario al “Liberalismo Social” de Salinas de Gortari. Ahora se proclama socialdemócrata. Ha sabido adaptarse a su manera a los cambios que la democracia ha traído a nuestro país. Sin dejar sus viejos liderazgos (Beatriz Paredes, Manlio Fabio Beltrones, Joaquín Gamboa Pascoe, etcétera) y a pesar de haber perdido el poder de sus tradicionales sectores (el campesino, obrero y popular), de haber sido abandonado por el poderoso sindicato de maestros de la maestra Elba Esther Gordillo, sigue teniendo una gran capacidad de movilización.
En Puebla se perfila como seguro ganador en la contienda de julio. Y si bien es difícil que llegue al “carro completo” como antaño, si se ve que a pesar de todo (el escándalo Lydia Cacho y la derrota del 2006) va a salir vencedor y fortalecido en sus posibilidades de volver a ganar la gubernatura en el 2011.
Y si bien ya no tiene la CTM, la CNOP o la CNC en Puebla el mismo poder que antes, esta ausencia el priismo local la ha suplido con la BUAP, que en los hechos se ha convertido en un sector del Revolucionario Institucional que le ha dotado de aspirantes con fuerte presencia política y con muchos recursos, como fue el caso del ex rector Enrique Doger y ahora el actual rector, Enrique Agüera.
En fin, a pesar de todo y para sorpresa de muchos, el PRI sigue estando vivo y sigue siendo parte de la estabilidad política y del equilibrio de fuerzas en la democracia mexicana, a sus 80 años de vida.
luisbenitez22@hotmail.com
El Partido Revolucionario Institucional cumple 80 años este 4 de marzo.
Surgido de los conflictos post revolucionarios, fundado bajo la égida de Plutarco Elías Calles y en pleno maximato, fue la herramienta fundamental para la pacificación del país después de la tempestad revolucionaria iniciada en 1910.
Fundado en un congreso efectuado entre el 3 y el 4 de marzo de 1929, de ese partido hoy se podrán decir muchas cosas, pero en mucho este aparato político y autoritario funcionó durante muchos años en su búsqueda de la paz, la estabilidad y el desarrollo económico para México.
Es justo reconocer también que en su andar y desde el mismo arranque de su vida se convirtió en un poder autoritario, antidemocrático y por momentos, violento. No tuvo ningún reparo en usar la violencia selectiva o contra grupos o sectores de la sociedad, cuando en su opinión se ponía en peligro la “unidad nacional”.
Pero su poder lo basó más en la negociación y la cooptación. Con los empresarios, con los sindicatos, con los campesinos, etcétera.
El Nacionalismo Revolucionario fue su insignia ideológica durante décadas.
Hasta los años sesenta mantuvo más o menos en paz y en progreso económico a la nación. Fue a finales de los años 60 que el sistema priista empezó a mostrar sus debilidades.
De ahí arrancó una larga transición que los llevó a que en 1997, por primera vez perdieran la mayoría absoluta en el Poder Legislativo y a que en el año 2000, perdieran la presidencia de la república.
Posteriormente en el 2006 volvió a perder ante el Partido Acción Nacional y no sólo eso, fue relegado al tercer sitio electoral por la izquierda, encabezada por Andrés Manuel López Obrador.
En el 2009, se ha repuesto de manera sorprendente y a pesar que desde los años ochenta se ha venido anunciando su inminente fin como instituto político, hoy surge de sus cenizas y está colocado según las recientes encuestas, a la cabeza de las preferencias electorales en el país. Además es el partido mexicano que más cohesión y unidad muestra ante las elecciones federales del próximo mes de julio.
Ha transitado del Nacionalismo Revolucionario al “Liberalismo Social” de Salinas de Gortari. Ahora se proclama socialdemócrata. Ha sabido adaptarse a su manera a los cambios que la democracia ha traído a nuestro país. Sin dejar sus viejos liderazgos (Beatriz Paredes, Manlio Fabio Beltrones, Joaquín Gamboa Pascoe, etcétera) y a pesar de haber perdido el poder de sus tradicionales sectores (el campesino, obrero y popular), de haber sido abandonado por el poderoso sindicato de maestros de la maestra Elba Esther Gordillo, sigue teniendo una gran capacidad de movilización.
En Puebla se perfila como seguro ganador en la contienda de julio. Y si bien es difícil que llegue al “carro completo” como antaño, si se ve que a pesar de todo (el escándalo Lydia Cacho y la derrota del 2006) va a salir vencedor y fortalecido en sus posibilidades de volver a ganar la gubernatura en el 2011.
Y si bien ya no tiene la CTM, la CNOP o la CNC en Puebla el mismo poder que antes, esta ausencia el priismo local la ha suplido con la BUAP, que en los hechos se ha convertido en un sector del Revolucionario Institucional que le ha dotado de aspirantes con fuerte presencia política y con muchos recursos, como fue el caso del ex rector Enrique Doger y ahora el actual rector, Enrique Agüera.
En fin, a pesar de todo y para sorpresa de muchos, el PRI sigue estando vivo y sigue siendo parte de la estabilidad política y del equilibrio de fuerzas en la democracia mexicana, a sus 80 años de vida.
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