lunes, 14 de septiembre de 2009

¿Diálogo ciudadano?



El domingo la presidencia de la república realizó un ejercicio inédito en la historia de la política mexicana, organizó un encuentro llamado “Diálogo Ciudadano”, transmitido por la web en la página de la presidencia y por los canales de televisión abierta de proyección nacional.
Con un formato inusual pero ya antes visto en sociedades como la estadunidense o la española, se trató de hacer una reunión informal entre el mismo presidente de la república, Felipe Calderón Hinojosa con un grupo de ciudadanos que desearon fueran representativos de todo el territorio mexicano.
El presidente se propuso responder a todos los cuestionamientos que estos ciudadanos de a pie le fueron haciendo.
Estuvo un tanto aburrido. El evento resultó muy acartonado, las preguntas fueron bastante a modo, se quiso mostrar una sociedad muy conforme y displicente con el gobierno federal. Como si no hubiera problemas con la economía, la seguridad pública, la salud, etcétera.
En resumen, en la emisión conducida por el buen periodista Leonardo Curzio, presentaron una ciudadanía muy dócil y correcta.
Demasiado para los tiempos que estamos viviendo. Un diálogo presidente-ciudadanía, francamente inverosímil.
Luego de su discurso del 2 de septiembre, que en general causó buena impresión incluso entre sus críticos, el presidente Calderón se lanzó la semana pasada en una gira por los más diversos noticieros televisivos y radiofónicos, desde donde fue delineando los cambios y las decisiones que estaría tomando en esta semana.
Y claro ponderando su empeño un tanto tardío, pero no por ello menos encomiable, de pasar de los “cambios posibles”, a los “cambios necesarios”, en la búsqueda de las soluciones a los grandes rezagos nacionales (reforma fiscal, energética, mejora educativa, mejor seguridad pública, más y mejor infraestructura, etcétera)
Dentro de ese esquema de política de comunicación social seguramente diseñado por sus sesudos –y seguramente muy bien pagados- asesores en medios, presentó el programa emitido el domingo por la noche.
Siempre es bueno que se busque innovar, que se intente hallar nuevas maneras de hacerle llegar a la sociedad el mensaje de los gobernantes.
Así pues el ejercicio en si mismo no está mal.
Lo que queda en duda, es ¿para qué se hace? ¿Qué fin tienen estas sesiones en televisión? ¿Qué busca el presidente Calderón con estos ejercicios de comunicación? ¿Le dará buenos o malos resultados?
¿Querrá incrementar su popularidad y la aprobación a su gestión? Sus números no son malos, tomando en cuenta la pésima situación económica, los aún magros resultados en materia de seguridad pública, y la aparatosa derrota que vivió su partido –y de alguna manera su administración- el pasado 5 de julio, su aprobación arriba de los 60 puntos, no es nada mala. Mejor, imposible dados sus resultados.
¿Lo que buscará es tener un diálogo franco con la sociedad sin la intermediación mediática? Si esta es la razón, creo que el resultado es malo. Basta compararlo con el diálogo que el presidente español José Luis Rodríguez Zapatero tuvo en un idéntico programa hace unos meses en la televisión ibérica, para darnos cuenta que esta versión mexicana estuvo muy light, muy acartonada, edulcorada y nada sincera.
¿Será que el titular del ejecutivo quiso mostrar e incrementar el músculo de su popularidad ante el Poder Legislativo, hoy dominado por el viejo y contradictorio priismo?
Es probable. La estrepitosa derrota sufrida por el PAN en las urnas, pone al presidente Calderón contra la pared ante un priismo empecinado en volver a Los Pinos en 2012.
En cualquier caso, creo que el presidente Calderón está repitiendo el error de su antecesor: gobernar para la “opinión pública”, decidir en temas fundamentales en base a encuestas y en ese afán, inmovilizarse ante los retos de las inercias y los intereses creados que se ponen a los cambios, dolorosos pero necesarios.
El discurso del 2 de septiembre es esperanzador. El evento de comunicación social del domingo 6 de septiembre, me devuelve las dudas.
Como estadista y si antepusiera lo intereses del país a los de su partido, mejor que pierda el PAN la presidencia en el 2012, que dejar que el país siga arrastrando lastres que tanto dañan a los mexicanos.

luisbenitez22@hotmail.com

Las cifras de la violencia

Un primo que tengo en Costa Rica –hijo de mexicana y tico- me pregunta a través del email, cómo se vive la violencia en México, le intriga conocer cómo es que evitamos los mexicanos las balaceras, qué hacemos cuando nos topamos con algún descabezado tirado en la calle y cómo evitamos los secuestros y asaltos.
La idea que desde ahí se tiene de nuestro país, es el de una sociedad hundida por la violencia y la inseguridad, que sobrevivimos apenas entre crisis económica, la corrupción gubernamental de todo nivel, la impunidad y la violencia criminal.
Así la idea de que nuestro país vive en una creciente descomposición social y un deterioro permanente de la vida de los ciudadanos, también la tienen muchos de los países vecinos o cercanos.
Y no es para menos. Basta ver cualquier noticiero o leer cualquier diario en nuestro país, para darnos cuenta de la violencia que se vive día a día en muchas zonas del país, de la zozobra en la que –aparentemente- viven ciudades como Culiacán, Mazatlán, Reynosa, Apatzingán, Ciudad Juárez o Tijuana.
Todos los días nos recetan en los medios cifras espeluznantes de muertes, violencia, drogadicción, que nos tiene con la idea clara entre los mexicanos que en nuestro país se vive la peor violencia que puede haber a nivel mundial.
Sin embargo cuando trata uno de buscar estadísticas confiables, bien basadas y análisis comparativos para entender la dimensión de la creciente violencia en el país, nos encontramos con que no hay.
Pero este mes en la revista Nexos, el investigador y profesor del Colegio de México (y ex comentarista del programa “Entre tres” de los lunes en TV Azteca), Fernando Escalante Gonzalbo, presenta un muy interesante y revelador artículo titulado “Homicidios 1990-2007” en el que nos demuestra con datos duros y análisis comparativos, hasta qué punto en los medios de comunicación e informativos, en materia de seguridad pública y del crimen en nuestro país, vivimos sin datos, sufrimos sin cifras claras y nos sumergimos en una profunda preocupación por estos temas, sin tener indicadores que nos digan en dónde estamos y hasta dónde hemos avanzado, o no.
En ese provocador análisis nos presenta las cifras frías sobre el delito del homicidio en México en ese periodo y nos muestra contra toda percepción actual y en contra de lo que a diarios nos recetan en todos los medios de comunicación, que las cifras nos dicen que los homicidios se han reducido.
Y que las comparaciones que nos hacemos con países como Colombia en los años ochenta son desafortunadas, porque con toda la violencia que actualmente vivimos, no hemos alcanzado ni por mucho los índices de nuestro hermano país sudamericano.
La pasarela mediática nacional, tan poco afecta a los datos y a los indicadores cuando estos no reflejan algo que sea “noticia” (léase: que sea escandaloso) no le han dedicado espacio a reflexionar sobre lo que este artículo da a conocer (con la excepción de Héctor Aguilar Camín en su columna de Milenio).
Este artículo habla a profundidad de sólo unos de los delitos más graves, sino el que más, como es el homicidio. En materia de asaltos, secuestros, robos de autos no profundiza, aunque esboza que al parecer no es muy diferente la situación a la que se vive en cuestión de homicidios.
Y es que no se trata tampoco de pensar que la violencia en México es sólo cuestión de percepción y que los medios son los culpables de esta. Eso sería tomar un camino fácil.
Se trata de entender de que es necesario conocer los datos, compararlos, analizar cifras, hacer comparativos, conocer indicadores, no sólo para tenerlos ahí para los medios, sino también para que como sociedad nos enteremos en dónde estamos y en qué rubro hemos avanzado y en cuáles no.
También sería bueno que los medios y quienes trabajamos en ellos, echemos un vistazo a este revelador texto de Escalante Gonzalbo, nunca está de más en el afán de mejor informar, hacer un alto en el camino de la vorágine de la información diaria, para reflexionar sobre datos desde una perspectiva histórica.

Nostalgias del informe



Hace diez años las voces que a través de todos los medios de comunicación, dominaban y hasta aturdían con su cantaleta, reclamaban el fin del informe presidencial, esa ceremonia seudo republicana que devino con las décadas priistas en un vulgar “besamanos”, en una especie de entronización anual y culto a la personalidad del mandatario en turno.
Hoy muchas de esas mismas voces reclaman la falta de un espacio de contacto entre el presidente de la república y sus gobernados. Es decir, hoy extrañan el informe presidencial.
¿Quién entiende a la “opinocracia” mexicana?
Quien esto escribe no extraña ni recuerda con nostalgia la otrora tradicional ceremonia del primero de septiembre. Si acaso, el asueto que en cada arranque de sexenio se daba por ley. Pero nada más.
Siempre fue una ceremonia aburrida, atiborrada de datos que nada dicen, pretexto para el autoelogio presidencial.
Hubo momentos patéticos en esos días “del presidente”, como aquel en el que José López Portillo lloró por los “desposeídos” y prometió “defender como un perro” al peso mexicano, que a partir de ese momento se despeñó de manera irreversible, metiéndonos en una crisis de proporciones mayúsculas, de la que hoy todavía seguimos pagando factura.
Total, en ese día ni informaban, ni se tomaban decisiones positivas para el país y el ritual se convertía solo en una competencia de zalamerías y genuflexiones en torno al “gran tlatoani”, al que una vez terminado su sexenio se le culpaba de todos los males.
Por desgracia el cambio de esa ceremonia inútil no trajo consigo algo mejor o más positivo.
La estridencia, el insulto, los desplantes, y los amagos de violencia fueron lo único que los políticos mexicanos de oposición lograron proponer para sustituirlo.
Eso explicaría un poco, el catálogo de desaciertos, descontroles, poses, ninguneos, desprecios que hay entre los poderes de la república y entre los partidos políticos, que es en lo que se ha convertido hoy el “día del informe presidencial”.
Para lo único que sirve es para que presidente tenga un pretexto para martirizar a base de espots a los pobres ciudadanos y para que los partidos de oposición no pierdan oportunidad de reprochárselo y contraatacar a base de declaraciones banqueteras en cuanto medio de comunicación se lo permite.
Por desgracia este es un retrato fiel de nuestra pobre democracia mexicana.
Un viejo ritual que desterramos por inútil, sustituido por una mediocre pasarela mediática que no aporta nada a la discusión de los grandes temas nacionales-¡que vaya que los hay!-.
Lo importante viene en unos días, cuando el gobierno federal entregue su propuesta presupuestal para el próximo año.
A ver si ahí se dejan las estridencias y mejor se construye algo que de verdad ayude al país al salir del hoyo en el que estamos y al que hasta hoy no le vemos una buena salida.

El 2011, tan lejos y tan cerca
Qué lejos se ve el 5 de julio desde Puebla. Qué rápido se ha olvidado la contundente derrota panista contrastada con la opulenta victoria del PRI a nivel nacional.
¿Dónde están los bonos ciudadanos ganados por el priismo en las urnas? ¿Dónde quedó la candidatura de unidad a la que arribarían gustosos para el 2010 los felices militantes del tricolor?
Los graves daños al erario público ocasionados por una mala gestión en la secretaría de salud poblana –¡en los tiempos de la influenza AH1N1!-, bien podrían convertirse en “la piedrita en el zapato” para el priismo local.
Bien vale decir a 11 meses del próximo proceso electoral: ¡tan lejos y tan cerca!

luisbenitez22@hotmail,com

domingo, 23 de agosto de 2009

Austeridad ¿para quién?

Mucho se habla y se reitera en los medios de comunicación de que los gobiernos federal, estatal y municipal tendrán que reducir drásticamente sus gastos. Y esto se vende y festeja como un acto de bonhomía, de responsabilidad de parte de nuestros funcionarios gubernamentales.
Pero bien visto, esta reducción en el gasto del gobierno a quien más perjudica es a la propia ciudadanía. Pues esta reducción apenas afectará los salarios de burócratas y funcionarios, la reducción será más en gastos de operación, es decir que los mismos funcionarios públicos seguirán devengando sus salarios pero tendrán menos qué hacer, porque no habrá para operar, tendrán menos recursos para hacer funcionar la seguridad pública, la salud, la educación, los servicios básicos y claro está menos apoyo a los sectores más pobres.
Así las cosas esta austeridad gubernamental tan festejada y presumida, a quien más perjudica y castiga es a la propia ciudadanía y de esta, son los más necesitados los que más van a perder ya que son los que más requieren de estos servicios que da el gobierno en sus tres niveles.
En cambio cuando se habla de generalizar el IVA a todos los productos, se piensa que los más perjudicados son los sectores más pobres.
Pero no es así. Los sectores más pobres son los que menos consumen, los que menos tienen para alimentos y medicinas. Dependen totalmente de dispensarios, de la medicina asistencial o del sector público.
Los niños más pobres apenas consumen leche, huevos, pan ¿Quiénes más consumen estos productos? Las clases medias y en mucho mayor medida las clases más pudientes.
La exención del IVA que hoy tienen la leche, los huevos y el pan ¿Quiénes más la disfrutan?. Pues los que más la consumen. El 5% de la población mexicana, consume aproximadamente el 70% de estos productos. El 95% restante apenas consume el 30%.
¿Dónde esta la justicia fiscal de la exención del IVA a medicinas y alimentos?
Y si se pagara este impuesto al consumo generalizado, habría más recursos para que los funcionarios públicos sigan haciendo su labor de servicio a la sociedad y a la ciudadanía.
Por desgracia los medios de comunicación no alientan el análisis a fondo de estos y otros temas, al contrario, se festina y se alienta el lugar común, las consignas, los gritos y sombrerazos, como los que lanza nuestra arcaica izquierda que nomás oye “IVA generalizado”, se desgarra las vestiduras se tira al piso, empieza a patalear y en caso extremos –AMLO por ejemplo- hasta llama a una rebelión popular.

Hay de subsidios a subsidios
Uno de los servicios que se prevé incrementen su costo a la población es el de la energía eléctrica. Aunque más que un aumento en las tarifas, la verdad sea dicha, lo que se prevé es la reducción en el subsidio que el gobierno federal da a todos los usuarios domésticos de este energético.
El subsidio es parcial y según el nivel de consumo el subsidio va siendo mayor: entre menos el usuario doméstico consuma más subsidio y menos costo del servicio; y al contrario, entre mayor consumo doméstico menos es el subsidio.
Pero hay casos en los que el subsidio es total. Como a los trabajadores sindicalizados de ese sector, quienes como parte de sus prestaciones se les da la energía eléctrica de manera gratuita. Claro está que con esto, los hogares de los trabajadores eléctricos tienen estufas, bóilers, calefactores y todo lo que puedan, que funcione a base de electricidad.
Hay también municipios, instituciones, delegaciones en todo el país, que por una razón o por otra, no pagan su consumo de esta energía.
Por si fuera poco, la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, una de las dos empresas federales que tiene el monopolio de la generación y distribución de más del 90% de la energía eléctrica nacional tiene un déficit de algo así como 18 mil millones de pesos, tiene 40 mil trabajadores activos y 20 mil jubilados con las más altas prestaciones del país.
Es una empresa nada competitiva y cara. Que sin embargo por ley no puede dejar de existir y estamos obligados como país, a mantener aunque no sirva y sea ineficaz y costosa.
¿No se podría empezar a buscar resolver estas situaciones anómalas para llegar a una verdadera austeridad?

Para tapar el “hoyo fiscal”


Por el oscuro panorama económico y sobre todo el déficit gubernamental que el año entrante tocará fondo -aunque desde ya se perciben sus primeros síntomas-, nuestros próximos diputados tendrán la gran responsabilidad de aprobar la propuesta de ingresos y egresos para el 2010.
Y mientras los dirigentes partidistas y las visibles cabezas de todos los partidos escurren el bulto ante la sola mención del IVA generalizado o de incrementar impuestos, los legisladores tendrán ante si la responsabilidad de decidir qué hacer ante la falta de recursos.
Es previsible una reducción drástica del gasto público, una política de ahorro que va castigar los llamados rubros no indispensables.
Pero por muy fuerte que sea el recorte no será suficiente. Y es que la crisis pega lo mismo a la federación, los estados y los municipios y en cada uno hay necesidades básicas que no se pueden obviar: seguridad pública, salud, educación, servicios básicos, etcétera.
En esta época de lucha contra las narcomafias ¿se castigará la seguridad pública?
Con la crisis que provocó la presencia en México del virus AH1N1 ¿se reducirá el gasto en salud?
Con el serio rezago educativo que tan mal califica al país ante muchos organismos internacionales ¿se castigará a la educación?
Yo creo que no.
También es previsible que se recurra a pedir préstamos internacionales. Pero de igual manera, será insuficiente para el tamaño del “hoyo fiscal” que se tendrá el siguiente año.
Por lo tanto será necesario que las autoridades federales y el poder legislativo busquen la manera de conseguir recursos extraordinarios de la propia sociedad mexicana y para eso no va a haber de otra: será vía impuestos.
En recientes días se han manejado un par de opciones que bien pueden ayudar a paliar esta escasez de recursos públicos, pero que implican que ya no sea sólo el gobierno federal el que tenga que cargar con el costo de ser el recaudador de impuestos, sino que implicará por fuerza la participación de los propios estados y municipios.
Una de estas es dejarle a los estados libres y soberanos la posibilidad de aplicar en sus demarcaciones gravámenes estatales.
Esto sería de doble beneficio. Por un lado el gobierno federal dejaría de ser quien paga el costo político por la recaudación fiscal, y por otro lado los gobiernos estatales podrían disponer de recursos frescos de manera más directa. Además de que se atendería de manera más eficiente y directa los muchos casos de evasión.
Muchos estados de la república –como Veracruz o Nuevo León- se quejan de que le dan más al país –vía recursos naturales o impuestos-, de lo que reciben –vía asignaciones federales-. Con esto podrán disponer de recursos fiscales de manera directa.
Otra opción es la de incrementar el ingreso vía impuesto predial. Ya se sabe que es un impuesto que cobran los propios municipios directamente, pero que da mucho menos de lo que debería dar.
En este rubro México también esta en la cola de los países del mundo, y esto se debe a la fragilidad e inseguridad de la tenencia de la tierra en muchos estados y municipios, a la gran cantidad de asentamientos irregulares y al rezago catastral a nivel nacional.
Por último, otra opción que se puede abrir también vía estados y municipios, es incorporar a la economía informal a los que pagan impuestos.
Hay millones de ciudadanos mexicanos que mueven recursos, dan empleo y generan riqueza en la informalidad, sin dar un solo centavo al erario.
Esto último es más complicado, ya que muchos de estos grupos de la informalidad tienen vínculos con partidos, forman parte del corporativismo que sigue siendo la fuente del poder de muchos políticos de todos los colores.
Ahora la pregunta que queda es: ¿estarán los gobiernos estatales y municipales dispuestos a asumir esta gran responsabilidad?
Yo creo que no. Hasta hoy ha sido más fácil dejarle la bronca de la recaudación fiscal a la federación y esperar a que los recursos lleguen.
En todo caso, son pocos los caminos que hay para salir de la crisis de falta de recursos y alguno de estos se tendrán que tomar más temprano que tarde.

luisbenitez22@hotmail.com

domingo, 9 de agosto de 2009

Zelaya, visitante incómodo


El depuesto presidente de Honduras, Manuel Zelaya, fue recibido con todo el protocolo por el gobierno del presidente Felipe Calderón, quien se ha mostrado solidario y hasta acomedido en apoyar al depuesto mandatario en su lucha por regresar al poder en su país.
En su discurso el presidente Calderón ha justificado esta actitud con respecto al conflicto interno en Honduras, en la vocación democrática que debe consolidarse en el continente, en el respeto a las instituciones y al Estado de Derecho.
Y claro está, el llamado a no caer en las tentaciones golpistas de hace tres décadas que tanto daño y sangre le causó al continente.
Sin duda una actitud irreprochable del mandatario mexicano.
Sin embargo si bien es claro que la actitud golpista de las autoridades de facto que hoy gobiernan Honduras, significa una clara traición a los valores democráticos que apenas se quieren consolidar en nuestro continente, también es un hecho que el mandatario Zelaya había entrado semanas antes de su ilegal destitución, en una espiral populista y de tentación autoritaria que también lesionaba de manera grave a las instituciones hondureñas.
Su empecinamiento en hacer un referéndum para promover la reelección, sin respetar la opinión de los otros poderes de la república hondureña y haciendo caso omiso de la negativa para hacer tal ejercicio de parte de su propio partido, lo colocaba en el camino por el que han transitado personajes del tamaño de Hugo Chávez (Venezuela), Daniel Ortega (Nicaragua) y en Ecuador, Rafael Correa, que son todo lo “progresistas” que se quiera, pero demócratas, no.
Ya estaba marchando en ese rumbo megalómano, mesiánico y francamente dictatorial que tanto entusiasmo estaba despertando en gobernantes tan “democráticos” como los hermanos Castro de Cuba.
Y esos guiños al populismo los vino a confirmar en su visita a México, donde después de la recepción amistosa y cálida dada por el gobierno mexicano, en un visita que prometía ser corta, pero que terminó siendo de tres días, Manuel Zelaya en un acto público se deshizo en elogios al “presidente legítimo” López Obrador y le remató el panegírico con esta frase: “a veces es mejor sentirse presidente, que serlo…”
No conforme con eso, un día antes había señalado que el golpe en Honduras se resolvería en cinco minutos si Estados Unidos se lo proponía. Le recriminó a Obama su tibieza ante el conflicto en el país centroamericano.
O sea, al odiado imperio yanqui al que le hemos recriminado durante décadas su intromisión en los asuntos internos de los países de América Latina, ahora Zelaya le pide que se meta para resolver de facto el conflicto hondureño.
Si este doble discurso que trajo en su visita a México (lleno de cinismo, de engaños, vacío de diplomacia e ignorante), fue el mismo con el que quería convencer a los ciudadanos hondureños, se entiende –aunque no se justifica- la desesperada actitud de quienes le organizaron el virtual golpe de estado a este dictador en ciernes.
Con todo una vez más, quien salió mal librado de este gris episodio de la diplomacia mexicana, es el presidente Felipe Calderón, quien no sólo se tomó la foto en Nicaragua con Raúl Castro, Ortega, Chávez, el propio Celaya y Correa, sino que fue vocero de una posición conjunta en defensa del gobierno de Zelaya.
Para que ahora en México el depuesto mandatario –sin querer queriendo- le viniera a pagar con flores. Pero flores para AMLO.
Calderón está mal y de malas.
Sólo espero que la diplomacia mexicana asuma con mayores reservas este apoyo a rajatabla que le está regalando a un político centroamericano más cercano al autoritarismo de Hugo Chávez y Fidel Castro, que a una verdadera vocación democrática.

La libertad de prensa, los excesos

El problema que hoy enfrenta el periodismo y el ejercicio de la libertad de prensa es muy distinto a lo que sucedía en México hace dos décadas.

Antes el principal obstáculo para el ejercicio periodístico era la censura que el estado autoritario mexicano y monopartidista ejercía en todos los medios de comunicación a todo lo largo y ancho del país. Esta censura podía ejercerse de manera violenta o intimidatoria, o por medios más “cautos” vía el pago de publicidad o el intercambio de favores con los dueños de los medios.

(Aún así existieron medios informativos como la revista “Por esto”, o diarios como “Excelsior” -que vivió etapas de cierta libertad-, o más recientemente la revista “Proceso” que desde que nació en los años setenta se convirtió en una voz sistemáticamente disidente del gobierno en turno.)

Hoy los principales problemas que enfrentan los periodistas mexicanos son la represión y censura que ejerce la violencia organizada en cada vez más zonas del territorio mexicano y el abuso en el ejercicio de la libertad de prensa.

Y es que aunque hay algunos gobiernos estatales que ejercen presión y censura sobre algunos medios regionales, en general la diversificación y el nacimiento de las nuevas tecnologías, ha hecho imposible que ningún gobierno en nuestro país pueda “controlar” a todos los medios de comunicación.

Hoy, creo yo, en México y en Puebla se ejerce la plena libertad de prensa, todos los medios publican lo que a su parecer les parece informativo, lo destacan o lo jerarquizan según sus propios criterios.

Quien quiere publicar algo que signifique una crítica al gobierno federal, al estatal o municipal lo puede hacer. Quien no lo hace es porque no quiere o porque no le conviene hacerlo.

Hay medios que viven de halagar al gobierno en turno. Pero también los hay que viven de criticarlo sistemáticamente.

Si alguien apela a la “autocensura” como una nueva manera de ejercer la censura de parte de los gobiernos, yo explicaría que lo que hay son líneas editoriales y propuestas informativas que consideran qué decir y qué no decir.

La “autocensura” es un mito que esconde conveniencias y acuerdos previos entre medios e instancias de gobierno.

El otro problema es el abuso de la libertad de prensa o el esconderse en ella para dar rienda suelta a fobias personales o buscar medrar o lucrar con los contenidos informativos.

En esta simulación informativa se busca indagar intimidades, violar las vidas privadas, calumniar, inventar historias buscando dañar escandalizando y entre más escándalo se provoque “mejor” periodista se quiere ser.

Este periodismo se esconde en una presunta pretensión literaria, se desliga –y hasta se burla- de cualquier contención ética, niega la existencia de responsabilidad social al informar y en su ejercicio “creativo” no se detiene ante nada ni nadie, que no sea su propia “vocación” de tirar la neta.

Esta idea “periodística” daña al gremio ya que predispone a mucha gente a no confiar en los medios periodísticos, a que no los vea como entes confiables y aliadas en la contención de los excesos gubernamentales, sino más bien como “tira-tintas” al servicio de tal o cual causa.

Convierte a los informadores no en medios, sino en actores de la noticia, por lo tanto los pone en el centro de los conflictos de la sociedad.

Y una sociedad donde la violencia -por desgracia- está cada vez más a la orden del día, hace que el gremio periodístico sea su víctima cada vez más constante.

Es momento de diferenciar el periodismo serio de la “ficción periodística” y entender que hay que ser más responsable y autocrítico al informar.

Y apostar a que en medio de este excesivo uso de la libertad de prensa, sean los amables lectores quienes distingan el denuesto de la información.