José Luis Benítez Armas
Nunca antes un alto funcionario norteamericano había reconocido con absoluta claridad como la secretaria de Estado de los Estados Unidos, Hillary Clinton, que el gran consumo en su país, es parte fundamental del problema de la violencia del narcotráfico en México.
En su reciente gira por nuestro país, la señora Clinton así lo señaló de manera reiterada y reconoció que "nuestra insaciable demanda de drogas ilegales alimenta el narcotráfico", y dio el dato: los narcotraficantes mexicanos reciben “25 mil millones de dólares en ganancias anuales” que provienen de Estados Unidos.
El mismo presidente Felipe Calderón, que se entrevistó el miércoles con la secretaria de Estado, reconoció que se produjo "un cambio no sólo en el discurso, sino también en la actitud del Gobierno norteamericano" hacia la guerra de su país contra el narcotráfico”, pero pidió más apoyo de parte del vecino del norte para combatir al crimen organizado.
Esto es sin duda una buena señal para los mexicanos y ofrece esperanzas de que algo tiene que cambiar para obtener resultados en el combate a la violencia delincuencial y al aumento de las adicciones.
Y se debe entender que es también un reconocimiento tácito de que las anteriores señales lanzadas por el flamante gobierno norteamericano de Barack Obama (el “estado fallido”, la aseveración de que zonas del país están fuera del control gubernamental, la drástica reducción de los apoyos por el Plan Mérida, el “blindaje” de su frontera sur, etcétera), no fueron las correctas.
Otra buena señal es el nombramiento hace un par de semanas del nuevo zar antidrogas de los Estados Unidos (jefe del Gabinete de Política Nacional de Fiscalización de Drogas, ONDCP, por sus siglas en inglés), cargo que recayó en Gil Kerlikowske, exdirector de la policía de Seattle, quien ha impulsado políticas de vigilancia más progresistas, menos dirigidas a criminalizar el consumo y más a proteger la salud de la comunidad.
Esto nos hace pensar que es probable que el presidente Barack Obama, esté pensando en dar un giro de 180 grados en la política anti drogas que las administraciones estadunidenses han practicado hasta hoy, que esté dispuesto a romper con los paradigmas morales e ideológicos que hasta hoy han dominado esta batalla.
Labor ruda si la hay. Muchos y poderosos sectores de la sociedad norteamericana son sumamente conservadores y prejuiciosos ante el problema de las adicciones y también en otro tema relacionado y muy relevante: el libre comercio de armas.
La poderosa NRA (National Rifle Association) o la Asociación Nacional del Rifle, con sus 4.5 millones de agremiados, es una organización norteamericana de corte nacionalista que defiende el derecho constitucional de todo estadunidense a tener las armas que quiera para fines de defensa personal o para actividades deportivas.
Y es que Estados Unidos exige cero tolerancia con sus vecinos a la libre circulación por sus fronteras de personas y de drogas; pero en materia de comercialización de armas hacía sus vecinos, hasta ahora lo que ha dominado es la “ley de la oferta y la demanda”, y no les importa si la demanda sea del crimen organizado.
Y es que lo menos que debemos pedir es que si nosotros tenemos un control estricto de venta de armas de alto poder en el mercado interno, es que en la zona la fronteriza de EU, se mantenga un mínimo control de su tráfico y venta.
Porque la situación es totalmente injusta y nada más para reflexionar pregunto: ¿que pasaría si en México tuviésemos un libre comercio de drogas, como el que tiene los Estados Unidos de armas?
luisbenitez22.blogspot.com
viernes, 27 de marzo de 2009
México-EU
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