lunes, 23 de marzo de 2009

Saldos del “tellezgate”

José Luis Benítez Armas

Como hemos venido diciendo en última semanas lo que está sucediendo en muchos de los medios de comunicación mexicanos es que nos estamos contagiando del síndrome “ventaneando” para realizar la labor informativa.

Y agrego. En el caso del periodismo político, se está cayendo en un pragmatismo más cercano al maquiavélico “fin justifica los medios”, que a la verdadera misión de hacer investigación periodística.

Es decir, en el caso de las intervenciones telefónicas del secretario de Comunicaciones y Transportes, Luis Téllez, eso se demuestra palmariamente. La visión periodística que defiende la idea de publicar y dar a conocer cualquier documento que involucren a personajes públicos, ya que gracias a ellos podemos enterarnos de cosas que de otra manera no podríamos saber y que influyen en la vida pública del país, sin importarnos el método o la manera en que el material se consigue, lo que están diciendo es que el “fin justifica los medios”.

Es decir, la noble búsqueda de la “verdad informativa” justifica las maneras o los medios con los que podemos llegar a hacernos de tal o cual información.

Yo creo que no.

Porque así las cosas, pronto tendremos a sagaces informadores trepados en techos penetrando sigilosos ventanas de oficinas públicas, despachos privados, viviendas de personajes connotados, en los que se sospecha que hay o puede haber prueba de una mala manera de ejercer el servicio público.

(Hace un par de años un “sagaz” periodista poblano de “vanguardia”, justificaba el comentar al detalle las andanzas amorosos de un ex edil de Puebla, señalando que seguramente “pagaba el motel” donde cometía sus “pecados”, con dinero público. ¡Háganme el favor!)

Sin tener que dar cuentas a autoridad ninguna, sólo apoyado en la noble búsqueda de la “verdad informativa”, tendremos que aplaudir a fotógrafos o camarógrafos de prensa que estén agazapados –cual hábiles paparazzo- en jardines y patios traseros de los más diversos inmuebles, buscando la escena comprometedora que destapa tal o cual cloaca gubernamental.

Y ya entrados en gastos, las cámaras y grabadoras escondidas, serán la herramienta lógica de todos los informadores que se encuentren a la caza de la exclusiva.

Sólo falta que en esta línea se justifique lo que hace algunos años hizo Televisa -según confesión posterior de un camarógrafo- en un programa seudoinformativo (del tipo de “Ciudad Desnuda”) que duró un tiempo en la pantalla chica, en donde se actuaban las escenas de asalto y de violencia que se ofrecían en las pantallas como reales, justificando su comportamiento con el argumento de que así no se arriesgaban los informadores y que si bien estas “noticias” eran actuadas, estaban basadas en hechos y situaciones reales.

No hay ningún código de ética periodística serio, ni ningún especialista en deontología informativa que justifique de ninguna manera que en su quehacer informativo, un periodista tenga que violentar la ley para hacer su labor.

Es claro que en sociedades bajo regímenes totalitarios o renuentes a aceptar la libertad de prensa o cerrados a la transparencia a la que deberían estar obligados, un medio tenga que valorar y asumir la responsabilidad de publicar o dar a conocer tal o cual información aunque se obtenga con métodos cuestionables. Pero sería una excepción, en una situación social de excepción.

No es ni de lejos el caso del México de hoy, donde la filtración, la utilización de grabaciones de conversaciones privadas, de fotos obtenidas de manera ilegal, de documentos anónimos o intromisiones en general a la vida privada de las personas, ya se está volviendo el método de trabajo del “periodismo de vanguardia”.

luisbenitez22@hotmail.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario